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LAS SEIS DÉCADAS DE ALEJANDRO SIEVEKING DEDICADAS AL TEATRO

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Teatro

Si se habla de destacados dramaturgos chilenos, sin duda que uno de ellos es Alejandro Sieveking, protagonista de este entrevista realizada como parte de la Muestra de Dramaturgia 2018, cuando fue homenajeado por sus participantes.

El autor y también actor, irrumpió la escena en la década del cincuenta, cuando aún siendo estudiante de Arquitectura de la Universidad de Chile, participó con su obra “Encuentro con las sombras” en el Primer Festival de Aficionados (1955) que tuvo lugar en el Teatro Antonio Varas. Tan inspiradora fue esta experiencia, donde resultó ganador, que finalmente abandona la carrera y decide ingresar al Instituto de Teatro para cumplir su sueño.

“Yo quería ser actor”, dice en esta conversación donde revisa sus inicios en las artes escénicas, hasta que se enfrentó a autores como Tennessee Williams, Arthur Miller, Henrik Ibsen, Antón Chéjov y August Strindberg, y terminó siendo conquistado por la escritura y la dramaturgia. Allí comenzó un viaje por el teatro sicológico, donde cada montaje servía como una manifestación de los problemas personales, más que colectivos; para luego volcarse al teatro social y ser reconocido por obras como “El fin de febrero” (1958), “La coronación de Pierrot” (1958), “Ánimas de día claro” (1959), “La remolienda” (1965), “Tres tristes tigres” (1967), “La mantis religiosa” (1971), “La virgen del puño cerrado” (escrita en 1973 y estrenada al año siguiente con el título de La virgen de la manita cerrada), “La comadre Lola” (1985), y “La fiesta terminó” (2005).

En este video, y ya siendo ganador de reconocimientos como el Premio Municipal de Teatro de Santiago con sus obras “Parecido a la felicidad” (1959) y “Peligro a 50 metros” (1968), y el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2017; Sieveking reconoce como elemento clave de su obra la presencia de personajes sencillos, con defectos, “que no cometen errores por maldad, sino que por falta de preparación”, y también a la frivolidad como elemento teatral.

Con 85 años, y un legado interminable para el teatro, el cine y la literatura nacional, Sieveking se enfrenta a una etapa de madurez donde busca nuevas ideas, pero no olvida la importancia del conflicto que existe entre fuerzas que se oponen: “Huyo de las fórmulas, quiero probar nuevas fórmulas cada vez. Hay una sola ley que no puedes desobedecer en el teatro, que es la técnica literaria. Todas las cosas deben estar puestas de acuerdo a su intensidad”.

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Si se habla de destacados dramaturgos chilenos, sin duda que uno de ellos es Alejandro Sieveking, protagonista de este entrevista realizada como parte de la Muestra de Dramaturgia 2018, cuando fue homenajeado por sus participantes.

El autor y también actor, irrumpió la escena en la década del cincuenta, cuando aún siendo estudiante de Arquitectura de la Universidad de Chile, participó con su obra “Encuentro con las sombras” en el Primer Festival de Aficionados (1955) que tuvo lugar en el Teatro Antonio Varas. Tan inspiradora fue esta experiencia, donde resultó ganador, que finalmente abandona la carrera y decide ingresar al Instituto de Teatro para cumplir su sueño.

“Yo quería ser actor”, dice en esta conversación donde revisa sus inicios en las artes escénicas, hasta que se enfrentó a autores como Tennessee Williams, Arthur Miller, Henrik Ibsen, Antón Chéjov y August Strindberg, y terminó siendo conquistado por la escritura y la dramaturgia. Allí comenzó un viaje por el teatro sicológico, donde cada montaje servía como una manifestación de los problemas personales, más que colectivos; para luego volcarse al teatro social y ser reconocido por obras como “El fin de febrero” (1958), “La coronación de Pierrot” (1958), “Ánimas de día claro” (1959), “La remolienda” (1965), “Tres tristes tigres” (1967), “La mantis religiosa” (1971), “La virgen del puño cerrado” (escrita en 1973 y estrenada al año siguiente con el título de La virgen de la manita cerrada), “La comadre Lola” (1985), y “La fiesta terminó” (2005).

En este video, y ya siendo ganador de reconocimientos como el Premio Municipal de Teatro de Santiago con sus obras “Parecido a la felicidad” (1959) y “Peligro a 50 metros” (1968), y el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2017; Sieveking reconoce como elemento clave de su obra la presencia de personajes sencillos, con defectos, “que no cometen errores por maldad, sino que por falta de preparación”, y también a la frivolidad como elemento teatral.

Con 85 años, y un legado interminable para el teatro, el cine y la literatura nacional, Sieveking se enfrenta a una etapa de madurez donde busca nuevas ideas, pero no olvida la importancia del conflicto que existe entre fuerzas que se oponen: “Huyo de las fórmulas, quiero probar nuevas fórmulas cada vez. Hay una sola ley que no puedes desobedecer en el teatro, que es la técnica literaria. Todas las cosas deben estar puestas de acuerdo a su intensidad”.

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